jueves, 20 de diciembre de 2007

CARTA A LOS OJOS








Queridos ojos: Se han dado cuenta de cuál es el sentimiento mágico de la vida? De la vida en toda su extensión? Se han dado cuenta del gran regalo que tienen en sus pupilas en este momento? De lo que están disfrutando ahora, en este instante? Dejen de mirar todo lo malo, olvídense por un instante de aquello que les preocupa, aquello oscuro y triste al que miran y solo pongan atención a lo que están leyendo. Escuchen el latir de su corazón en todo su cuerpo. Piensen en que con sus ojos no solo pueden mirar, leer, sino también amar, estudiar la vida y sentirla profundamente, que pueden disfrutar del azul del cielo, del verde de los valles, del mar azulado, del rojo atardecer, del rosa de las mañanas; te has dado cuenta del regalo que están usando? Si supieran ustedes cuánto bien me hace a mí esas cosas!!! Pregúntense por qué los niños, todos los niños, por más juguetes que tengan, se entretienen horas y horas con una simple caja, con hojas o con flores. Las cosas que parecen más sencillas y simples, para ellos son algo mágico que los absorbe por completo. Y nosotros, adultos "educados", no podemos entenderlos. Es porque el paso de la vida nos ocultó el niño que siempre llevamos dentro nuestro y está esperando aflorar. Cuántos seres humanos que están muertos en vida por no amar, por no saber vivir, atados a preconceptos, mirando solo los errores de los demás, dejaron de sonreír, dejaron de sentir, de amar, por egoísmo, por vergüenza, por timidez, por falta de coraje, por mil motivos, todos ellos insignificantes, frente al Gran Significado de la Vida? Se han dado cuenta de lo que es el Agradecimiento? De lo que es ver y vivir el Agradecimiento? ¿Recuerdan algún momento de la vida, cuando alguien hizo algo por nuestro cuerpo y espíritu o nos dio algo imposible de conseguir, y experimentamos ese afecto sobrecogedor y dichoso. Y queríamos con todas las ansias retribuirlo de alguna manera y no sabíamos cómo, o con qué? Porque no había nada con que compensar ese agradecimiento. Rememoren bien ese momento. Cierren sus párpados por un momento y sientan verdaderamente esa emoción. Recuerden exactamente cómo nos sentimos por dentro en ese instante. ¡Recuérdenlo! ¡Recuérdenlo! Háganlo ahora nuevamente. Agradezcan a Dios por regalarles la vida, por estar aquí y ahora, por muchas cosas. Examínense y observen cuánto tienen para agradecer. No olviden nada. Se asombrarían de lo mucho que les ha sido dado y no lo han notado o no lo valoran en su verdadera dimensión. Compárense con otros que tienen menos que ustedes, con los enfermos realmente graves, con los ciegos totalmente, con muchos que viven y ven situaciones que ustedes darían vuelta para otro lado, si estuvieran en su lugar. Identifíquense con los que han sufrido catástrofes demoledoras. Con los que han perdido seres queridos. Con los que han perdido su único hogar en un incendio o inundación. Con los que viven en la calle y han perdido hasta la razón. Cuando se acuestan en la cama tibia, y tratan de dormir cerrando sus párpados, piensen en los que duermen al aire libre. Miren su techo cuando hay miles que no tienen más que el cielo arriba de ellos. Miren sus familias cuando piensen en los que viven solos y no tienen a nadie a quien mirar y amar. Y agradezcan todo eso a Dios por tenerlo. Verán que todos los problemas que puedan estar viviendo, los mirarán desde otra óptica. Y no serán tan graves para nosotros. Imagínense siendo un árbol gigantesco, de grandes raíces, robusto tronco, copa formidable, hojas y flores perennes. Lleno de nidos y pájaros. Brindando sombra, refugio, alimento para todos. Y vivan la seducción de los amaneceres radiantes, la perfección de los crepúsculos multicolores, la mística de las noches pobladas de estrellas, el sortilegio de la luna plateada matizando sus hojas, ramas y tronco, en un hermoso jardín multicolor. Y eso será entonces, nuestro jardín, el más magnífico de los paraísos, y regocíjense agregando en él las maravillas que sueñen. Con voluntad y fe lograrán lo que desean. ¡Sueñen! ¡Pueden hacerlo! No es difícil. Acostúmbrense a desenchufarse del mundo real y a entrar en el nuestro propio. Intentemos juntos, por todos los medios a nuestro alcance, mantener ese jardín mágico siempre florecido en nuestra mente y nuestro corazón. Ese árbol que somos nosotros, jamás se humillará ni se doblará frente a las tormentas. "Los fuertes no se quiebran jamás". Es por eso que les escribo porque necesito su colaboración, quítense ya los anteojos color oscuro y pónganse los color rosa y ayúdenme un poco a ser más feliz. Con mucho amor desde el centro de su esencia me despido ahora deseándoles que vean siempre lo mejor en la vida que Dios les ha regalado. Su siempre servidor... LOS OJOS.
desconozco su autor





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